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viernes, 18 de julio de 2014

Un ex intendente K criticó al Gobierno: "El país giró demasiado a la izquierda"

Fue Mario Ishii, a raíz de los incidentes en la 9 de Julio. El jefe comunal reflotó su nefasta iniciativa fascista de volver al servicio militar obligatorio. Ishii se sabe que es de una postura política de derecha, que mientras el Gobienro le dio el Cheque K de dinero, los apoyó. Pero que en la retirada del actual gobierno, ya se postula para aliarse con Massa en el futuro.



Los incidentes en la 9 de Julio tras el partido entre Argentina y Alemania siguen dando que hablar. Mario Alberto Ishii, senador provincial por el PJ bloque unipersonal "Néstor Kirchner", volvió a insistir con la idea de volver a instalar el servicio militar obligatorio, a raíz de los disturbios
"El país giró demasiado hacia la izquierda y hoy es un desorden muy grande lo que se ha armado entre los jóvenes y no hay contención", afirmó.

El Nefasto Ishii le culpa el desorden organizativo del gobierno nacional que el apoyo hasta ahora, a la izquierda, como si esta fuera sinonimo de desorden. Cuando el actual desorden surge de un estado capitalista que es el que gobierna a la argentina. De los 25 estados que hay en argentina solamente uno es socialista y es la Provincia de Santa Fe. 
El ex intendente de José C. Pazl evaluó que el 60% de quienes hicieron disturbios "eran menores de 20 años" y sostuvo que hay una necesidad de volver a instalar "orden", através de un servicio militar moderno.
Y agregó: "El Gobierno fue girando hacia la izquierda y con la bandera de los derechos humanos está pasando lo que pasa hoy y no es solamente el desastre que hizo la dictadura, hay otros derechos humanos".
El legislador provincial inició una campaña para impulsar un plebiscito respecto al tema y difundió un video promoviendo esta iniciativa. Sin embargo, no obtuvo con el respaldo de los principales dirigentes del oficialismo ni de la oposición.

En diálogo con Rock & Pop, Ishii sostuvo que el día de los incidentes "hubo mucho alcohol y mucha droga" entre los jóvenes y  "es algo que pasa en todos los barrios de la provincia de Buenos Aires".
Ishiia dice desconocer el narcotrafico, que fue en muchas ocaciones que financio a su gestion de intendente en Jose C. Paz. 

                                    Fernando Lopez (Periodista)

La Cámara de Casación confirmó la condena de Felisa Miceli por la bolsa de dinero en su baño


En un juicio oral había sido condenada a cuatro años de prisión por encubrimiento , y ocultamiento de documentos públicos.



La Sala II de la Cámara de Casación confirmó la condena a la ex ministra de Economía Felisa Miceli, en la causa abierta en 2007 tras el hallazgo de una bolsa con dinero en el baño de su despacho.La ex funcionaria había sido condenada en diciembre de 2012 a cuatro años de prisión por los delitos de "encubrimiento agravado" de una supuesta maniobra financiera ilícita, y "sustracción y ocultamiento de documento público". Además Miceli -quien después de su paso por Economía fue asesora en la contabilidad de la Asociación Madres de Plaza de Mayo tras el escándalo Schoklender- también había sido inhabilitada para ocupar cargos públicos durante ocho años.
El caso de la bolsa de plata en el baño de la entonces ministra se conoció el 5 de junio de 2007, cuando agentes de la Brigada de Explosivos de la policía inspeccionaron el despacho de Miceli en el Palacio de Hacienda. Al encontrar una bolsa que les pareció sospechosa, la revisaron y labraron el acta correspondiente. Ese documento fue el inicio de una investigación que llevó adelante el fiscal federal Guillermo Marijuan, y que concluyó con la sentencia que firmaron los jueces del Tribunal Oral Federal 2: Jorge Luciano Gorini, Rodrigo Giménez Uriburu y Jorge Alberto Tassara.

lunes, 30 de diciembre de 2013

El Gobierno y su política cotidiana: lavarse las manos POR MARCOS NOVARO POLITOLOGO (UBA, CONICET), DIRECTOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIONES POLITICAS

Quién se hará cargo de los trece muertos resultantes de los últimos saqueos? El gobierno nacional decididamente no. Si ya evitó poner la cara por las muertes de Once, y antes por las del Parque Indoamericano, y antes por las de Cromañón, señalando con el dedo siempre para otro lado, no es de asombrarse que vuelva a hacerlo. Aunque las circunstancias sean cada vez más difíciles, y la inmoralidad de esquivar el bulto más evidente.
Los festejos por los 30 años de democracia le vinieron, al respecto, como anillo al dedo. De allí que no tuviera para él ningún sentido suspenderlos ni moderarlos.
Le permitían escenificar, bailecito incluido, el argumento según el cual él encarna la paz y la libertad, y en los incendios que asolaban mientras tanto varias ciudades del país se expresaban sus enemigos, los violentos destituyentes.
Aunque para hacerlo haya tenido que invertir otros argumentos que hasta aquí se tenían por esenciales al credo oficial: que detrás de toda protesta social, aun las más violentas y anómicas, hay derechos que los ricos y poderosos pretenden ignorar y el Estado debe proteger, y que detrás de los reclamos por la inseguridad hay siempre una cuota de psicosis promovida por “la derecha”.
Como ya no funciona mucho eso de los agoreros del periodismo que supuestamente causan las malas noticias que comunican (y que según el oficialismo fueran los principales instigadores de los saqueos de un año atrás en Bariloche, el conurbano bonaerense y otras ciudades), los malos esta vez fueron sobre todo los policías provinciales. Algo que tiene obviamente más sentido: los autoacuartelamientos fueron parte de un juego extorsivo, violaron unas cuantas leyes y en ocasiones estuvieron acompañados de zonas liberadas para delincuentes amigos de los uniformados. Aunque es obvio que destacarlo le sirvió al gobierno para no reconocer la pobreza, los efectos perversos de un discurso sobre la inflación que estigmatiza a comerciantes y empresarios, el sistemático desprecio desde el Estado por la propiedad privada y en general por los derechos del prójimo, el fracaso de las políticas de seguridad, durante diez años sin una sola reforma efectiva de las fuerzas policiales, la irresponsable apuesta por perjudicar a adversarios políticos, su nula capacidad para coordinar iniciativas con los gobernadores y en su propio gabinete, etc.
Lo que es peor, dado el giro argumental con que se redujo la crisis a un exclusivo problema de inseguridad, esos policías denostados por destituyentes al mismo tiempo y paradójicamente fueron reivindicados como imprescindibles garantes del orden. Y tras cartón se los desplegó en todo el país, junto a militares y gendarmes, para evitar que el 19 y 20 sucediera algo aun peor.
La velocidad y frescura con que un gobierno que se pasó diez años negando que existiera algo así como una crisis de inseguridad, se apropió de pronto de los peores argumentos al respecto para reducir el fenómeno social de los saqueos a un mero hecho delictivo necesitaba también de los festejos por los 30 años. Que convocaron a quienes tienen más para festejar por los últimos 10 y han sido sus mejores agentes legitimadores: dirigentes de derechos humanos, artistas, periodistas y jueces militantes, en suma, todo el variopinto mundo progresista que nutre al kirchnerismo de doctrina y relato. Ellos volvieron a combinar fuerzas en los festejos en Plaza de Mayo con los funcionarios kirchneristas que, gracias a su condición peronista, saben por intuición hacer mejor que nadie lo que el progresismo promueve desde las ideas y la moral: lavarse las manos.
Los líderes peronistas, convengamos, han sido siempre muy eficaces en esto de esconderle el bulto a la responsabilidad. Gracias a ello todavía hoy muchos piensan que los desaparecidos de 1975 le pertenecen a los militares de la dictadura, que la hiperinflación de 1990 y 1991 fue también culpa de Alfonsín, que la corrupción de la década que le siguió hay que cargársela a María Julia y el resto del menemismo al FMI, etc.
A este aceitado know how el progresismo aportó, durante la última década, un plus que llevó la lavada de manos a niveles pocas veces vistos. Y es que el progresismo consiste en esencia en la disposición a arrogarse causas noblespara autodefinirse como súmmum de las buenas intenciones.
Lo que permite a quien esto hace identificar enfrente un mundo poblado de males que se resisten a desaparecer y con los que él no tiene nada que ver.
El progresismo funciona entonces como símil edulcorado de la ética revolucionaria, libre de las incomodidades de un ejercicio indisimulable de la violencia, que supone por lo menos un mínimo compromiso práctico. De allí que atraiga tanto a artistas, intelectuales y demás personajes que viven de exponer lo noble de sus espíritus.
Quien mejor lo expresó el 10 de diciembre fue León Gieco, cuando explicó sus motivos para estar en los festejos, que nada tenían que ver con los crematísticos que le suelen achacar voces opositoras.
Debió ser sincero, pero no pudo evitar dejar a la luz, también, que cuando le conviene la muerte puede serle indiferente. A su cola fueron Zaffaroni, Carlotto y hasta D´Elía, que en su afán por explicitarlo todo, incluido lo que requiere sutilezas para convencer, explicó que los muertos de 2001 eran buenos porque luchaban contra el neoliberalismo y los de esos días no valían nada porque eran sólo chorros. Carlotto quiso edulcorar el mensaje diciendo que estaría bueno si averiguamos quiénes eran y cómo murieron. Pero mejor hacerlo sin mucho barullo, ¿no?


Fuente: Diario Clarin